martes, 18 de agosto de 2009

Consecuencias de la discriminación

Cada vez más frecuente, que las mujeres emigren para huir de los roles tradicionales

En muchos países las prefieren por ser menos conflictivas que los hombres y más dóciles

Mariana Norandi

Desde finales del siglo XIX, cuando los mexicanos comenzaron a emigrar hacia Estados Unidos, eran muchas las mujeres que también se convertían en migrantes al decidir acompañar a sus maridos en aquella experiencia, con la finalidad de evitar un proceso de desintegración familiar.
Desde entonces, la migración femenina ha ido en ascenso; sin embargo, en los años recientes ha surgido un nuevo fenómeno: cada vez son más las mujeres cabezas de familia que, por iniciativa propia, deciden emigrar. Los motivos son muchos, los peligros son más graves que para los varones; no obstante, solas, deciden atravesar el desierto y pasar al otro lado de la frontera en busca de una mejor situación económica y de conquistar sus sueños de emancipación.

Es el caso de Teresa Martínez, que a los 36 años dejó a sus cinco hijos en San Bartolomé Atlatlauca, estado de México, y decidió “ir a ver cómo era aquello”.
Según explicó, con su puesto de quesadillas en la ciudad de México no le iba mal, pero aprovechó que en Columbus, Ohio, tenía unos sobrinos para intentar tener una mejor vida. Después de permanecer un mes en la frontera, llegó a Estados Unidos por Nogales, Sonora. Allá permaneció más de dos años.

“Para una mujer es más peligroso pasar la frontera con Estados Unidos. Cuando lo estaba intentando, algunos hombres me decían que fuera con ellos porque me estaba esperando mi esposo del otro lado, cuando no era cierto, yo estaba sola. Eso lo hacen para secuestrarte y luego pedir dinero a tu familia.
“Hay mujeres que van en grupos de cuatro o cinco porque, aunque yo corrí con mucha suerte, hay abusos por parte de cholos en la frontera, que roban a las mujeres y, si alguna le gusta, la violan.”

Según datos oficiales, entre 20 y 30 por ciento de los migrantes mexicanos son mujeres; sin embargo, hay autores que aseguran que la cifra es mayor, e incluso, uno de los estudios más recientes, realizado por el Grupo de Trabajo en Materia Migratoria del Partido de la Revolución Institucional, demuestra que durante 2008 50.5 por ciento de los migrantes fueron mujeres.
Como el propio proceso, la migración femenina es muy compleja de analizar por la heterogeneidad de su naturaleza. Sin embargo, comienzan a surgir ciertas características comunes, como que las mujeres retornan menos que los hombres, realizan trabajos más estables, tienen mayor nivel de escolaridad, estaban insertas en el mercado laboral antes de emigrar, muchas son jefas de familia y sus motivaciones no son sólo de carácter económico, sino también buscan realizar un proyecto de vida independiente.

Francisco García Olsina, especialista en migración internacional y profesor de esa asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), asegura que la mujer que emigra se empodera y se independiza más que si se hubiera quedado en México.
“La decisión de emigrar y la realización de ese proyecto migratorio le confiere una seguridad en sí misma que no podía tener en su país de origen, donde estaba atada a cierto comportamiento social que no le permitía liberarse del todo”.
El experto agrega que, además, la decisión de las mujeres de emigrar implica cambios en las dinámicas sociales y familiares de su lugar de origen mucho más acentuadas que cuando esa decisión la toman los varones. En el caso de las que tienen hijos, debido a la peligrosidad del proceso, éstos quedan al cuidado de abuelos o familiares cercanos, y eso repercute en sus vidas cotidianas.

“Los abuelos se vuelven a convertir en padres. Cambia la estructura y las dinámicas familiares y, por lo tanto, sociales. Los niños tienen que enfrentar su vida sin madres y muchas veces sin padres. Pero el que una mujer emigre entraña cambios sociales importantes en lugar de origen como en el lugar de destino.”

El mayor volumen de migración femenina procede de los mismos estados del país que tradicionalmente producen migrantes hombres: Jalisco, Michoacán, estado de México y Guanajuato. El nivel de edad principalmente comprende entre los 25 y 35 años.
Los trabajos que generalmente hacen las migrantes en el país de destino son en el sector servicios (restaurantes, cadenas alimentarias u hotelería) o doméstico (limpieza o cuidado de niños o adultos mayores). Aunque no hay que descartar que cada vez más mujeres realizan trabajos en la agricultura, en fábricas y en la industria del sexo.

“La preponderancia del sector servicios en las economías de los países receptores de migrantes es uno de los motivos de la feminización de la migración. Además, el sector servicios ha sido uno de los más afectados por todo el proceso de desregulación laboral. Son sectores precarios, con trabajos inseguros y bajos sueldos”, explicó Sandra Gil Araujo, especialista en políticas migratorias e investigadora del Departamento de Antropología Social de la Universidad de Granada, España.

Asimismo, agregó que otro de los motivos por los cuales en muchos países la mano de obra masculina ha sido remplazada por la femenina es porque, desde el punto de vista empresarial, “las mujeres son más dóciles, menos conflictivas y tienen más responsabilidad familiar. Este vínculo con la familia y los hijos hace que muchas veces soporten situaciones de más discriminación y desigualdad con tal de garantizar el envío de remesas”.
Sin embargo, el motivo que cada vez comienza a pesar más en la decisión de las mujeres para emigrar es liberarse de los roles tradicionalmente femeninos, e incorporar otros más equitativos a sus vidas. Ello ha sido estudiado por Saúl Gutiérrez Lozano, especialista en sociología de género e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

“Empezamos cada vez a encontrar más en las mujeres migrantes una reflexión en términos de soporte de identidad como mujeres. Es algo que se añade a lo económico y que tiene que ver con su proyección de futuro y sus insatisfacciones como mujeres en su lugar de origen.”